lunes 26 de septiembre de 2011

Por la tarde

Hoy perdí mi Budha.
Acunando a la pequeña saltamontes, descuidé a los gatos que estaban meta hacer ruido en el living. Debí sospechar que algo trágico sucedería si lo dejaba sobre la mesa. Entre abrazo de oso y abrazo de oso entre Napoleón y Sigfrido, mi pequeño gran Budha rodó por la madera, cayó al macetero que cuelga del balcón y terminó en el de mi vecino.
El problema que tengo es grande. No se imaginan, ustedes, cuánto.
Ya intenté recuperarlo con un alambre curvado en uno de los extremos y hasta lo intenté poniendo el colador del té en la punta para que haga las veces de pequeño medio mundo. Claro que, a esas horas, no había nadie en la casa.
Ahora ya están todos y es muy difícil intentar algo más. Yo sé que sería más fácil bajar y pedírselo pero hoy tengo una extrema vagancia para la diplomacia y enfrentar a esa manada circense requiere de todas mis fuerzas y dotes.
Ya les contaré cómo sigue la cosa.

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Boquearon lo que quisieron