miércoles 5 de octubre de 2011

Cuestión de nombres

Como todos los sábados de calor, Roberto (o Carlos o Luciano o andá a saber pero pongamos Roberto) se pone la musculosa naranja (pueden creer que, a pesar de vivir uno arriba del otro, no me sé el nombre) y sale a baldear el pasillo (el de verdad, digo). Junto a Claudia (el de ella sí lo sé) barren y baldean el pasillo del primer piso del edificio de PHs donde vivo. Claudia suele usar unos pescadores de jean y una remera roja holgada, pero Roberto debe enfatizar su femeneidad (su nombre de mujer tampoco lo sé) porque no le fue dada sino que es adquirida y por eso grita sus curvas -bastante masculinas para su pesar- detrás de la lycra -que es el invento del siglo-.
A causa de Roberto, la larga escalera de entrada y el pasillo del primer piso son un continuo desfiladero de gente y, ahora que lo pienso, es curioso que jamás haya escuchado su nombre. Muchos llegan que son conocidos y estiran el "Claudia" a los alaridos, así me enteré del nombre de ella. Los que llegan a verlo a él, no le gritan, lo miran con respeto y hasta con temor. Son gente circunspecta (o no, pero acá se comportan así) y no hablan o hablan muy bajito.
Cuando uno de estos circunspectos viene, el viernes habrá sesión. Si vino más de uno en la semana, habrá sesión desde el jueves (su nombre ritual tampoco lo conozco). La campanilla tintineará hasta que él/ella entre en furor  (supongo que un nombre de ese estilo no se dice en voz alta) y se despegue de este mundo sin llegar al otro para convertirse en medium de aquellos que fueron y ya no son, o de aquellos que siempre han sido y serán.
Cuando escucho las campanillas me da una sensación extraña que no sabría definir, como una suerte de escalofríos. Pensé en poner espejos en las paredes exteriores para que los espíritus convocados, si son feos se asusten de sí mismos y se espanten, o se queden atrapados en el espejo. No es que crea en estas cosas pero tampoco me las tomo muy a la ligera.
Ésta es la persona en cuyo macetero cayó mi Budha. El que estaba desaparecido, el que quise recuperar a la fuerza y no pude, el que me llevó a la diplomacia forzada y... ya les contaré lo que pasó.

2 comentarios:

  1. A mí el mundo de los espíritus siempre me ha dejado helado.

    Raúl
    El alma difusa

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  2. Yo no creo en esas cosas pero sólo por si acaso, cierro las puertas!

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Boquearon lo que quisieron