viernes 21 de octubre de 2011

Ese monstruo verde

Agazapado entre los pliegues de alguna pollera o camisa, el monstruo espera. Con el aliento retenido observa las facciones de su víctima hasta que está seguro de que lo que ve es enamoramiento. Entonces, de a poco, saca algún tentáculo. Si su víctima responde bien, se queda un rato así, pero incluso él sabe que las personas más enamoradas necesitan una exposición importante: es entonces cuando decide salir por completo. A veces lo hace de golpe, de la mano de un "mi novia esto" o "mi novia aquello"; otras veces lo hace despacio, colgando uno a uno sus tentáculos de palabras como "amigo", "compañero", "estoy muy bien", etc.
Hay días en que el monstruo se cuela en mi casa, entra despacio con el aire de río y se pasea por las habitaciones llamándome la atención sobre esas cosas que no son mías y que, alguna vez, él compartió con otra. Algunas veces, me ataca cuando trabajo, se preocupa por recordarme que no soy dueña del tiempo, que él puede estar con cualquier otra mujer que le guste más que yo.
Y ahí suele perder la batalla.
Él podrá molestarse conmigo, podrá no aguantar más mi carácter, podrá muchas cosas a lo largo de la vida que nos queda juntos, pero dejar de gustarle no es algo que vaya a pasar y lo sé. Lo sé tan bien como que es imposible que él deje de gustarme, que sus abrazos dejen de causarme cosquillas bajo la lengua o sus besos me hagan perder la noción del tiempo.
El monstruo retrocede, ofuscado. Es una estrategia que suele funcionar con casi todas las mujeres... No entiende. Pero acusa recibo y, la próxima vez, no lo va a agarrar desprevenido, habrá pensado una alternativa más eficaz.

2 comentarios:

  1. A ese monstruo lo he visto yo también. Muchas veces ha sido totalmente ignorado, pero ha habido otras (pocas, pero las ha habido) que ha conseguido dormir en mi sofá.

    Hace poco lo eché, espero no verlo en mucho tiempo.

    ResponderSuprimir
  2. En mi casa tiene sus temporadas, pero son siempre imprevisibles: justo cuando pensé que se había afianzado a un nuevo hogar, veo algún tentaculito...

    ResponderSuprimir

Boquearon lo que quisieron